COLECHO, ¿SI O NO?

 

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Buenas noches!!!!

Hoy vamos a hablar un poquito sobre el colecho, lo único que puedo decir antes de adentrarme en el tema es: nunca digas de este agua no beberé.

Me cuesta recordar momentos en los que aún no era madre, parece que nací con un león bajo el brazo, es raro, ¿Cómo es posible que parezca que no has tenido vida antes de que naciera tu hijo? ¿Alguien me lo explica?

Lo que puedo recordar como si fuese hoy mismo, son mis palabras de… jamás dejaré que mi niño duerma con nosotros, jamás, what?

Cuando nació Mateo, dormimos más bien tirando a nada, ni cuna, ni colecho, ni haciendo el pino, hacíamos guardias, porque la criatura quería estar en el salón, partiéndose de risa en el columpio viendo como nuestras ojeras llegaban al suelo, él era feliz viéndonos trasnochar día tras día. Llegaba la mañana, el segundo turno de guardia se levantaba para aguantar sus cólicos y llantos somnolientos, pero vamos, que el tío no dormía, a veces llorábamos juntos, todo sea dicho. Muchas veces me he planteado si realmente estaba preparada para esto, solo conocemos la parte idílica de la maternidad, esto es una realidad.

Todos los días a las 15’00 con el modo desquiciado puesto, me ponía lo primero que encontraba, ya que me importaba más bien poco mi aspecto, lo metía en el carrito y me pateaba todas las calles de mi ciudad para que durmiese, caminaba sin rumbo y soñando con poder descansar, pero cuando acabas de ser mamá tu vida ya no es tuya, te la ha robado ese pequeño trozo de ti.

A las 21’00 llegábamos a casa para preparar el baño, papá aún estaba trabajando y me comía yo todo el marronazo, bañera preparada, bebé muerto de hambre, fracaso de lactancia, sacaleche puesto, bebé llorando…

En la revisión de los 4 meses, le comento a la pediatra que el niño no duerme y que yo entre el trabajo y esto, no puedo más, pero me dice, hay niños de revista y niños que dan mucho trabajo, muy maja la señora, oye. Así que un par de meses más tarde decido llevarlo al pediatra del seguro privado y le comento los problemas de sueño y de regurgitación  que me traen por la calle de la amargura, y este hombre, al que debería ponerle una estatua en mi dulce hogar, me dice que le tengo que cambiar la leche al niño, y que se acabaron las tomas nocturnas.

Señoras y señores, no habían pasado ni 48 horas y el bichito estaba durmiendo 6 horas seguidas en su cuna. Eso sí que fue un orgasmo, y no el de la noche que lo enjendramos.

Pasamos unos meses tranquilos, hasta que al cumplir el año coge una bronquiolitis, no da remontado y decidimos meterlo en nuestra cama para dormir tranquilos escuchando su respiración. Tardó un mes en recuperarse pero ya no hubo vuelta atrás, Mateo nunca más quiso dormir en su cuna.

Los dos estábamos de acuerdo en que estábamos disfrutando muchísimo haciendo colecho, la que decía jamás… era feliz siendo abrazada por su hijo todas las noches, sintiendo su manito en mi cara, esos despertares tan llenos de amor y felicidad, y cambió la frase inicial por un cuando el niño tenga 18 años no va a querer dormir con nosotros, no pasa nada. Y aquí os dejo un texto que me encanta.

 

La cama de los padres tiene un imán y acá para mí (nadie me convence de lo contrario) tiene una magia, somnífero, un polvo misterioso de amor impregnado en las almohadas, que hace que los niños se duerman inmediatamente y que la peor de las pesadillas, el más tembloroso Terror Nocturno, huya a siete pies.
En la cama de los padres, el último refugio de los miedos, la paz es absoluta y
total.
Ahí llegan, llevados por padres agotados y perdedores, o por su propio pie, todos sudados y asustados, pajaritos a volar de noche a caminar por los pasillos de la casa, hasta que lleguen al lugar de los lugares. Dos colos con sábanas suaves y el olor de los progenitores. Caen como moscas a dormir tranquilos.
Los padres fingen que les importa, a la mañana siguiente: ” fuiste para nuestra cama otra vez! Cuando es que aprenderás a superar los miedos y a dormir solo? Tienes que crecer!”, Pero ni miran a los ojos de los hijos cuando dicen estas cosas, con miedo de que descubran que en ese breve regreso al nido, a la cuna inicial, los padres se llenan de amor y ternura y también ellos se escudan en sus inquietudes.
Un cuello caliente. Una manita gordita en nuestro pelo. Un pie de regreso a la costilla de la madre. La respiración tranquila en la funda compartida.
El deseo secreto de que el nido quede así para siempre y que la mañana tarde mucho en llegar.
Que el polvo misterioso de amor de las almohadas preserva para siempre estas excursiones nocturnas de mimo que no son más que un inteligente presagio, de una nostalgia inmensa, de los mejores días de esta vida!


Rita Hierro Rodríguez

 

Y así seguimos, probablemente esperemos a hacer el primer cambio, léase, momento pañal fuera, y una vez conseguido haremos el cambio de habitación.

¿Qué opinion tenéis sobre este tema? ¿Colecho si o no? ¿Estáis de acuerdo en que solo nos cuentan la imagen idílica de la maternidad y no la realidad?

Cientos de besos!!!!

Un comentario sobre “COLECHO, ¿SI O NO?

  1. Yo estoy disfrutando mucho del colecho. Con los tres 2 no lo hice y con el tercero estoy haciéndolo. Acabamos cansados y se pierde mucha intimidad pero los beneficios sobrepasan todo.
    Me ha gustado mucho tu post. No te pido que me recomiendan des al médico ese tan majo porque me pilla muy lejos. Jaja. Un besito guapa

    Me gusta

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