COLECHO, ¿SI O NO?

 

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Buenas noches!!!!

Hoy vamos a hablar un poquito sobre el colecho, lo único que puedo decir antes de adentrarme en el tema es: nunca digas de este agua no beberé.

Me cuesta recordar momentos en los que aún no era madre, parece que nací con un león bajo el brazo, es raro, ¿Cómo es posible que parezca que no has tenido vida antes de que naciera tu hijo? ¿Alguien me lo explica?

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EXPERIENCIA DEL PARTO ¿PARTO RESPETADO?

El día 14 de octubre de 2014 salgo de cuentas, estoy como un león marino al borde de explotar, pero bien. Tengo cita en monitores otra vez, pero mi pequeñajo duerme, bastante fiesta tiene de madrugada, no hay contracciones, me mandan a casa y a esperar.

Llegamos a la semana 41 al borde del ataque de  nervios ¿cuándo va a nacer mi hijo? ¿Me daré cuenta? Pregunta muy común que nos hacemos las madres primerizas y a lo que respondo que es difícil no enterarse, oye.
La criatura duerme mientras me monitorean, porque oye, la cosa está muy aburrida.
Me hacen una eco y de líquido estamos bien y el león pesa 4 kilitos de nada.
Por si no me pongo de parto antes, me hacen un papelito para ingresar el día 26 y comenzar con la inducción.
La dulce espera se acaba, o no, llega el día 26 y entro en el hospital con mi súper maleta como quien se va una semana de crucero, feliz. Todo apunta a que ese día nace mi niño.
Me pongo mis mejores galas para la fiesta de bienvenida del crucero, me ponen la vía y me ve la ginecóloga…
-Estás de 3 centímetros y con el 70% del cuello del útero borrado, y pesa 3’800 g ¿No te has enterado?
-Señora, he tenido contracciones obviamente, tres al día quizás.
-Estás muy favorable, vamos a ponerte una tira de prostaglandinas y seguramente hoy te pongas de parto.
Me llevan a una habitación, pasan las horas, me aburro, paseo por las instalaciones, de vez en cuando me llevan a monitores, intento dormir, no puedo… un día ingresada y abortamos misión.
Llegan las 8 de la mañana del día 27 y yo todavía sigo rellena como un pastel de chocolate. Morimos de hambre, pero hoy no nos van a dar el desayuno. Me llevan a paritorio.
Me instalo en la sala de dilatación, me colocan los monitores y comienzan a enchufarme cosas, un antibiótico, suero y la famosa oxitocina.
Pasan las horas, viene la matrona y me dice que estoy dilatando bien, que ya estoy de 4 cm, sin ningún dolor que no haya tenido antes.
Llego casi a los 6 cm y ahí la cosa empieza a picar ya, el marido se desmaya, el timbre está lejos y yo con el kit de submarinismo puesto no puedo moverme mucho, empiezo a gritar, vienen todos a salvar al chico este y a abrir ventanas. Pido que lo echen, que venga mi madre, y que cierren la ventana porque tengo frío, nos conocemos bien y no iba a ser el primer desmayo, por supuesto.
Me van a llevar a quirófano para ponerme la epidural, pero me levanto y rompo aguas, eso eran las cataratas del Niágara, ahora entiendo lo de… de líquido está bien. Mojo la cama, el camisón, las zapatillas, el suelo, la silla de ruedas, el pasillo. La señora de la limpieza, quedó muy satisfecha, oiga.
Prometo que mientras me ponen la epidural estoy literalmente quieta.
Pasan las horas y no me hace efecto.
Cuando estoy de 10 cm llega la anestesista y me pide perdón, no entiende que ha pasado, y que si quiero que volvemos a intentarlo, obviamente me niego porque soy una chicarrona del norte e ilusa, y pienso… estoy de 10 cm, dos empujones y el niño está fuera.
La matrona me dice que puedo empezar a empujar cuando tenga una contracción, mi madre se pone a llorar y dice que no puede verlo, yo ahí ya tengo mucho dolor, y la sensación en cada contracción es de partirme en dos, se pone nerviosa y sí, me quedo sola ante el peligro.

Cuando ingreso solo pido que no sea un parto instrumental, y que no me hagan la maniobra en la que la matrona se te sube encima y te baja al niño. Puedo decir que me respetan en todo momento.

Después de 3 horas y media empujando me dicen que el niño es muy grande y que se queda atrapado en mi pelvis, tengo dos opciones, un empujón con la matrona bajándome al niño y el uso de ventosa, o una cesárea. Yo ya no puedo pensar, y escojo justo la opción que obviamente no quiero, pero necesito verlo ya y ver que está perfecto, ya han pasado 14 horas.
Así fue, un pujo más y nace mi niño.
Tan guapo, blanquito, llora mucho y se mete el puño en la boca, normal, está tan hambriento que podría comerse al ginecólogo, me lo ponen encima y no puedo describiros ese momento de amor tan puro que estoy viviendo, en ese momento pienso que ha merecido tanto la pena la espera, el dolor y todo. Y por primera vez en mi vida, dejo de pensar en mí, para focalizar toda mi atención en ese niño, mi hijo. Ya no me importa sentir dolor, encontrarme mal, o morirme en ese mismo instante, porque él está perfecto. Ahí me doy cuenta de lo que es ser madre.
Durante todo mi embarazo sueño que el día del parto me cambian al bebé cuando se lo llevan para pesarlo y mirarlo, me lo quitan de mi pecho y le pido a la matrona que me enseñe bien su carita. Y me doy cuenta que no es como me lo imaginaba, no salen del paritorio, no hay posibilidad de un cambio de niño por una confusión, todo lo hacen en la misma sala y yo puedo ver como están asombradas, Mateo pesa 4’300 g y mide 54 cm.
Durante todo el proceso de costura interna, mi niño está en mi pecho llorando sin consuelo, sé que tiene hambre, sí, yo, la que pensaba que igual no sabría entender a su bebé.
Esta es la experiencia más bonita de mi vida y volveria a repetirla mil veces más.
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Me gustaría que esta entrada no cayese en el olvido, y que para que todo sea un poco más dinámico, me enviaseis al correo el enlace del post de vuestro parto (las que tengáis blog, por supuesto) o vuestra experiencia en sí, y yo me encargo de añadirla a esta entrada.
Cientos de besos!!!!!!!!!!!